Homofobia Interiorizada, Lesbofobia Interiorizada

 

¿Qué es la homofobia interiorizada?

Podemos describir la homofobia interiorizada como los sentimientos negativos hacia la propia orientación sexual, la aversión que experimenta una persona homosexual hacia la homosexualidad, o incluso hacia aquello que sea o parezca manifiestamente homosexual. Es un entramado de representaciones mentales presente según el cuál la atracción hacia personas del mismo género se valora de manera inferior respecto a la heterosexualidad. Puede tener varios grados, e ir desde el prejuicio al comportamiento auto-destructivo, todo a resulta de los mensajes sociales negativos y la imagen distorsionada que tenemos de la homosexualidad.

La infelicidad y la insatisfacción a causa de la homosexualidad es algo que se puede trabajar en terapia: no tiene porqué ser así. La sociedad ejerce una fuerte influencia en el auto-concepto de quiénes somos, enviando mensajes que se quedan en nuestro inconsciente y que nos marcan. En el momento en que nos identificamos gay o lesbiana, todos los conceptos erróneos  que se asocian con la homosexualidad se asumen como propios, y esas mentiras que se han ido contando durante siglos en la sociedad influyen en la autoestima.

Por eso, propongo una sociedad que envíe mensajes positivos sobre el hecho de ser lesbiana como una sexualidad sana, y trabajar la homofobia (y lesbofobia) interiorizada para liberarnos de ese peso social que hemos asumido.

Carmen de Monteflores (1986) plantea ciertas etapas contra la homofobia.

  1. Asimilación: asentar el comportamiento, actitud y lenguaje del grupo dominante heterosexual. Como consecuencia pueden aparecer sentimientos de traición, culpa, resentimiento o rabia por no ser vista realmente o conocida por los demás, incluyendo las personas más cercanas.
  2. Confrontación: el ejemplo sería “salir del armario”. Oponiéndose a los estereotipos negativos, se transforma un aparente déficit en una fortaleza. Esta etapa empieza por una auto-afirmación que normalmente implica algun reconocimiento público de la nueva identidad.
  3. Getto-ización: vivir una parte significante de la vida en una subcultura geográfica y/o psicológica. En la mayoría de ciudades con grandes comunidades lésbicas, habrá algunos barrios o zonas con mayor población LGBT. La subcultura psicológica puede mantenerse socializando exclusivamente con hombres gais y mujeres lesbianas, leyendo solo literatura LGTB,  etc. Se siente una necesidad de rodearse por pares e iguales. .
  4. Especialización: verse a si misma con cualidades únicas, como forma de racionalización defensiva. Al cabo del tiempo, esa sensación de “sentirse única” se cambia en gran medida por una sensación de “igualdad”

Aquí me gustaría lanzar una pregunta a las lectoras/oyentes: ¿En qué etapa o en cuáles os situáis vosotras?

¿Y  la Lesbofobia Interiorizada?

La lesbofobia interiorizada va más allá de la homofóbia interiorizada, porque incluye el rechazo al concepto de “lesbiana” como si fuera algo negativo, asociado a estereotipos dañinos. Nos encontramos, por ejemplo, muchas mujeres que tienen relaciones exclusivamente con mujeres y sienten rechazo a la hora de considerarse lesbianas. Es comprensible, sí. Es lógico, sí. Es bueno para ellas, no.

Es comprensible y lógico porque hemos sido bombardeadas por estereotipos negativos vinculados al concepto de ser lesbiana que hacen que inconscientemente haya un rechazo hacia ello. Si durante toda nuestra vida hemos oído que lesbiana es sinónimo de  camionera, marimacho, fea, poco mujer… resulta muy comprensible que no queramos ser eso, y que haya un rechazo hacia ese concepto. Además, existe una sensación interna de exclusión social si nos vinculamos con el lesbianismo, es una exclusión social que cada vez va a menos a medida que van apareciendo más referentes públicos y a medida que nosotras mismas nos convertimos en referentes de nuestro entorno más cercano.

Me gustaría remarcar la importancia de estar fuera del armario en nuestro entorno no solo por tranquilidad, bienestar y libertad propia sino también como referentes para otras personas. La visibilidad nos puede convertir en un referente para alguien  en algún momento de nuestra vida, para otra mujer que se encuentra al principio del proceso. Para mi, además de lo pueda ayudar en terapia como psicóloga a mis pacientes, es muy importante hacer cosas públicas como escribir en la Revista Magles, realizar el programa PsicoLes en InOutRadio, o dar conferencias en diferentes entornos porque me siento responsable como referente, y creo que es muy sano que aparezcamos y conquistemos el espacio público, ese espacio que es de todos y de todas.

Sentir esa lesbofobia interiorizada no es bueno para nosotras mismas porque crea una disonancia cognitiva, es decir, una discrepancia entre lo que creemos que es “correcto” según la sociedad, una sociedad heteronormativa, y lo que realmente somos o cómo nos comportamos. “Si ser lesbiana es amar a una mujer, soy lesbiana, si ser lesbiana es camionera, fea, excluída…yo no lo soy.”

Además, “lesbiana” es un concepto nuestro, con un origen muy bonito que viene de  Safos en la Isla de Lesbos quien creó una comunidad de amazonas en Grecia, por lo tanto, ¡hay que recuperarlo como algo positivo!

¿Cuales son las emociones que más aparecen en este proceso?

Principalmente, la culpa y la verguenza. La homofobia y lesbofobia interiorizada se manifiesta en sentimientos de Vergüenza y culpa, así como en una respuesta de ansiedad ante situaciones en las que la persona deba manifestar directa o indirectamente su homosexualidad o lesbianismo. Tal y como explica mi amigo Gabriel J. Martin, “tanto la vergüenza como la culpa son emociones sociales, porque ambas sirven para regular nuestra interacción con el entorno. Nos hacen sentir qué cosas nos ganarían el apoyo del grupo y qué cosas nos lo harían perder. Sentir culpa o vergüenza, por tanto, depende mucho de los valores sociales imperantes. Son emociones necesarias (sino quizás seríamos todos un poco psicópatas…) pero en exceso son perjudiciales.”

La verguenza tiene que ver con lo que somos o lo que no podemos ser, con la preocupación por nuestros defectos y el miedo al abandono. La culpa tiene que ver con algo que hemos hecho o no somos capaces de hacer y con el temor de ser castigadas. Todo esto se relaciona directamente con una baja autoestima, ya que cuesta mucho quererse con toda esa carga de emociones negativas. Además, estas emociones son causantes de mucho sufrimiento, ya que para evitar la ansiedad acusada por esta homofobia interiorizada, la mujer lesbiana tenderá a evitar situaciones donde su orientación sexual pueda ser expuesta, y esto irá perjuicio de sus relaciones sociales y sentimentales. En este punto es donde pueden aparecer conflictos de pareja, familiares, depresión, insatisfacción, y un sinfín más de situaciones.

Y la pregunta del millón es, ¿Qué hacemos con estás emociones?

La respuesta es muy sencilla: trabajar en ellas. Cuando alguien llega a consulta sintiéndose avergonzada de ser quién es, con sentimientos de culpa respecto a su familia por no cumplir las expectativa que ellos tenían y sufriendo mucho por ello, pagando un alto precio en sus relaciones sociales y de pareja a causa de esto, lo primero es explorar el concepto que tiene de ella misma. y detectar la baja autoestima que se relaciona con este machaque emocional al que se está expuesta.

Se trata de explorar creencias y pensamientos: esos mensajes sociales y familiares que hemos ido interiorizando desde pequeñas y que, si excavamos, veremos que están entorpeciendo nuestra felicidad. Por ejemplo, mensajes acerca de la feminidad, de la búsqueda del principe azul, del modelo de familia tradicional, de la maternidad, etc.  También hay que explorar las emociones que subyacen a causa de estas ideas interiorizadas sobre lo que debemos ser, lo que no somos, lo que no hemos sido capaces de ser., sobre todo hablar de la vergüenza y culpa, de la tristeza y ansiedad asociada a ellas. Reforzar la autoestima.Y, por último, explorar los comportamientos asociados a partir de estás creencias y emociones y ver cómo actuamos en función en nuestro día a día. Qué hacemos para evitar, ocultar, invisibilizar quiénes somos realmente, a quién queremos, cómo vivimos, ante nuestro entorno, y también ante nosotras mismas. Cómo engañamos y nos engañamos en función del miedo, de la vergüenza, de la culpa y, en resumen, de la homofobia interiorizada bloqueando que nos comportemos como quisiéramos.

En terapia es muy útil utilizar en las sesiones las Estrategias contra la lesbofóbia (Sophie, 1988):

  1. Reestructuración Cognitiva: esto significa replantear tus ideas, creencias y pensamientos, cuestionarlos incluso y modificarlos para que no te causen problemas; me gusta pensar en la reestructuración cognitiva como un cambio de chip mental que hace que el lenguaje que utilizas contigo misma vaya a favor de tus intereses y tu felicidad, que deseches esa voz maligna que te habla mal). La reestructuración cognitiva es el motor para erradicar la homofobia interiorizada y formar una mirada positiva hacia la propia sexualidad.
  2. Evitar una identidad negativa: explorar las experiencias negativas y minimizar su impacto entendiendo la complejidad de la orientación sexual. Yo me atrevería a decir que también hay que exaltar las experiencias positivas vinculadas a la orientación sexual.
  3. Adoptar una identidad “bisexual”: muchas mujeres “adoptan” una orientación bisexual, por creer que esta orientación tiene menos estigma relacionado o por mantener la puerta de la heterosexualidad abierta. Sin embargo, muchas veces también se sufre bifobia. Esto no significa que, realmente, no haya mujeres bisexuales que lo sean, pero algunas mujeres utilizan esta etiqueta como protección.
  4. “Self-disclosure / Salir del Armario”: declararse diferente a la norma heterosexual frente a personas significantes es una estrategia muy importante en contra de la homofóbia internalizada. Conocer otras lesbianas, gais y bisexuales: ayuda a romper con estereotipos negativos.
  5. Habituarse a la homosexualidad: cuando la homosexualidad se asume como un aspecto más de la vida y se confronta totalmente la homofobia internalizada, la persona es exponencialmente más feliz.

Muchas mujeres se pueden preguntar, “pero en mi caso concreto, ¿cómo se si tengo homofobia interiorizada?” Pregúntate si una mujer heterosexual lo haría. Si, por ejemplo, tu homofobia interiorizada te dice “yo no tengo porque ir saliendo del armario, forma parte de mi intimidad decir que estoy con una mujer”. Vas a alquilar un piso y la primera pregunta que te van a hacer en la agencia es: ¿Buscas un piso solo para ti? Mientras que la respuesta de una mujer heterosexual es “no, para mi y mi marido.” Ella, aunque no nos hayamos dado cuenta, acaba de salir del armario como “hetero” y acaba de aclarar su estado civil. Nosotras, ¿que deberíamos hacer en este caso? Exactamente lo mismo.

¿Sentís esa homofobia o lesbofobia interiorizada? ¿Podéis compartir un ejemplo? Es totalmente lógico que te sientas así, sobre todo si estás al principio del proceso, pero no es bueno para ti y tienes que ir trabajándote esas pequeñas barreras que tú misma te impones.

Podemos trabajarlo en unas cuantas sesiones. Escríbeme a info@palcaide.com o llama al teléfono 93 215 58 83 para pedir hora en mi consulta (Gran Via de les Corts Catalanes, entre Paseo de Gracia y Pau Claris).

Muchas gracias por leerme/escucharme y recordad que podéis vivir Positiva-MENTE!

Paula Alcaide
info@palcaide.com

Soy Paula Alcaide, psicóloga especializada en atender a mujeres lesbianas y bisexuales que buscan convertir en una fortaleza su orientación sexual y disfrutar libremente de sus relaciones con otras mujeres sin miedos, ansiedad, vergüenza o culpa.

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