hipervigilancia

Los 7 Errores de Hipervigilancia que te Hacen Ver como Una Paranoica

 

Literalmente la hipervigilancia es el exceso de vigilancia del entorno social, en este caso, ante una percepción subjetiva de que van a responder negativamente ante nuestro lesbianismo.

A nivel fisiológico esta vigilancia se dispara, activando todo nuestro sistema nervioso, a raíz de la percepción subjetiva de que hay amenazas peligrosas en el entorno social por mostrar públicamente que sé es lesbiana. Esta muestra incluye acercamientos a otras mujeres, dar la mano, besar, abrazar…

De ello, sorprenden especialmente dos cosas:

1. Mujeres que nunca han sido agredidas ni verbal ni físicamente muestran estos signos de homofobia interiorizada 

2. La misma muestra de cariño se puede hacer a mujeres con las que se mantiene una relación de amistad y no se percibe como algo reprochable socialmente.

Esto demuestra que la hipervigilancia es algo totalmente subjetivo que tiene sus causas en la construcción que hacemos del mundo a través de las creencias (aunque en algunos casos esta

hipervigilancia puede ser a causa del estrés post-traumático, hablaremos de ello más adelante).

No me dejaba acercarme, ni siguiera tocarle el brazo, ni tener un gesto con ella, sin embargo estaba en la playa jugando en topless con su amiga haciéndose ahogadillas, una encima de otra, y aquello no le parecía nada extraño ni reprobable.

La hipervigilancia se da por miedo a una respuesta social negativa. Las respuestas más temidas son críticas, agresiones, reproches, insultos, piropos (considerando a dos mujeres desde un punto de vista androcéntrico, como objetos sexuales para el hombre, algo que desde luego a una pareja heterosexual no harían – podrás leer más sobre esto en el articulo que se publicara en las semanas siguientes “Ser inteligente en un mundo de hombres tontos” -). Hay casos en los que la hipervigilancia suele incrementar a medida que nos acercamos a entornos sociales conocidos o próximos (en zonas como el barrio o pueblo, o donde hay riesgo de encontrarse con alguien conocido) por un mayor miedo al rechazo.

En otros casos, sin embargo, esto es radicalmente contrario y al acercarse a entornos de confianza la hipervigilancia disminuye, por ejemplo al encontrarse en barrios que se perciben como seguros: Chueca en Madrid o Eixample de Barcelona.

Dos consejos:

1. Cuestiónate a ti misma. Cuando te pongas a vigilar tu entorno para no tener muestras de cariño con la persona que quieres / deseas y dejas de ser tu misma, tú eres la primera perjudicada. No puedes dejar que el miedo al qué dirán domine tu vida. Sé tu misma, sé natural y no dejes que esa vocecita te haga infeliz. La vocecita se llama Homofobia Interiorizada y te voy a explicar como acabar con ella.

2. Recuerda que si alguien te dice o hace algo desagradable estará incurriendo en un delito de odio penado por el código penal. Ya es hora de acabar con tanto imbécil que no respeta a todo aquel que no es como él. Si te dicen algo que consideras ofensivo, pídeles nombre y DNI y diles que los vas a denunciar por ello. En tu mano queda hacerlo después o no, pero al menos su sensación de impunidad irá disminuyendo. Ayudémonos entre todas a parar las agresiones: si estas en Cataluña puedes denunciarlas aquí.

Y ahora sí, te voy a explicar los 7 errores de hipervigilancia que cometemos las lesbianas:

1. Creerse muy, muy observada. En realidad, no te miran tanto como tu crees. La gente que pasa por la calle, o que está cenando en un restaurante o comprando en una tienda, por norma general, va a sus cosas, y en absoluto están controlando tus movimientos. De verdad que no.

2. Creer que si nos miran es por algo negativo. Chica… a veces te miran porque te desean, porque se identifican contigo, porque les recuerdas a alguien, o por mil motivos más. ¿No has hecho en alguna ocasión tú lo mismo? No todas las razones por los que alguien nos puede estar mirando tienen necesariamente que ser negativos.

3. Pensar que leen nuestra mente. Pueden ver los gestos pero no la intencionalidad que hay detrás de ellos, ni por supuesto lo que piensas y sientes. A veces un gesto entraña todo un mundo de emociones que sólo se perciben por las personas que participan en él.

4. Sentirse indefensa ante las miradas. No subestimes el poder de devolver una mirada matadora para que dejen de mirarte y, si no dejan de mirarte, puedes simplemente intentar ignorarlo y que no te afecte. A la larga ni notarás cuando alguien te mira porque no destinarás ese espacio mental a vigilar el entorno.

5. Pensar que se mira por maldad. A veces no está de más educar a los demás, hacer un poco de psico-pedagogía y comentarles que al igual que a ellos no les gustaría que alguien les mirara o dijera algo cuando están con su pareja, a vosotras también os resulta molesto. A veces es curiosidad, a veces es ignorancia…. pero hacer que los demás se pongan en tu lugar siempre es una herramienta muy poderosa.

6. Pensar que los demás saben que somos lesbianas. Desgraciadamente, muchas personas aun no saben ni que existimos y, por mucho que miran, solo ven a dos amigas muy bien avenidas. Qué engañados viven sin abrir los ojos.

7. El 10% de la población es gay o lesbiana, por lo que una de cada diez personas que te puedan mirar o comentar algo, son de tu mismo club. El 30% de la población se plantea tener una relación homosexual en algún momento de su vida, así que 3 de cada diez personas que te miran quizás te desea o siente curiosidad.

Así que en conclusión…  ¡Relájate! El entorno que percibes como una amenaza lo es menos de lo que a ti te parece, al menos en España, ya que las leyes te amparan ante cualquier agresión verbal o física. Es incómodo que te miren, pero más de la mitad de veces que lo hacen no es por nada negativo. La gente que te conoce te querrá por como eres, y las muestras de cariño públicas forman parte de una sociedad libre en la que cada uno expresa quién es. Si te sientes vulnerable ante la sociedad te recomiendo que me escribas y trabajemos tu empoderamiento social.

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Paula Alcaide
info@palcaide.com

Soy Paula Alcaide, psicóloga especializada en atender a mujeres lesbianas y bisexuales que buscan convertir en una fortaleza su orientación sexual y disfrutar libremente de sus relaciones con otras mujeres sin miedos, ansiedad, vergüenza o culpa.

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