7 Ideas Clave: ¿Cómo salir del armario con mis hijos?

 
Muchas mujeres llegan a consulta con una pregunta clara: ¿Cómo salir del armario con mis hijos? ¿Cómo les digo a mis hijos que me gustan las mujeres? ¿Que estoy con una mujer? ¿Que su madre es lesbiana?

El artículo de hoy va dedicado. Dedicado a una madre que se ha armado de valor y sacado la fortaleza que siempre ha tenido (aunque ella a veces no lo supiera) para ser ella misma: como mujer, como madre, como novia y como lesbiana. El miedo dominaba su vida, el miedo infundado por una familia con valores tradicionales, el miedo por alejarse de sus hijos o perderles si se enteraban de que estaba con una mujer, el miedo al qué dirán en un entorno de alta clase conservador…El miedo de aceptarse y que los demás la aceptaran.
Hoy me ha dicho que ha salido del armario con sus hijos, cambiando el miedo por la fuerza, transformando la sensación de tener que “pedir permiso” para ser y para sentir por la sensación de tranquilidad de poder hacer y decir lo que necesita en cada momento conectando con quién es. Su historia, particular y única, que me hace sentir especialmente orgullosa, tiene sin embargo muchos puntos en común con otras historias de mujeres y madres que no saben como visibilizar en su entorno que están enamoradas de otra mujer.

Por ello quiero sintetizar 7 ideas que tenéis que tener muy claras si estáis en una situación similar, si vais a salir del armario con vuestros hijos:

1. Puedes pensar en las consecuencias y reacciones que pueden tener tus hijos cuando sepan que te gustan las mujeres pero no le des vueltas sistemáticamente en base al miedo. Es decir, no sirve de nada que pienses una y otra vez en lo que va a pasar porque por mucho que seas buena haciendo predicciones no eres adivina. Aunque cueste de creer, siempre es más fácil gestionar una reacción concreta y real que esa sensación difusa de miedo y ansiedad constante que tienes en la cabeza cuando piensas en salir del armario.

2. ¿Quién dijo miedo? Hay una diferencia abismal entre la sensación de no estar preparada y necesitar una guía para estructurar lo que sientes y cómo comunicarlo a los demás (ya sabes que en esto puedo ayudarte porque justamente de esto trata mi trabajo) y vivir un momento en el que sabes exactamente qué y cómo quieres hacer pero quedarte bloqueada y no avanzar o incluso retroceder por miedo. Hay que valorar “¿qué es lo peor que podría pasar?” pero también pensar “¿cuántas cosas podría ganar?” (tranquilidad, libertad, naturalidad, cercanía con los demás, autenticidad, amor…).

3. Protegerlos no significa anularlos. Hay mucha gente en el mundo, pero pocas personas. Si estás criando una PERSONA, de esas que tienen corazón y sentimientos y empatía, no puedes transmitirles el mensaje de que “amar a otra persona está mal” (sea del género que sea), porque les estarás haciendo un flaco favor. La gran labor que haces como madre y tu necesidad de protegerlos del mundo no tiene que confundirse con anularlos o creer que la realidad dejara de existir solo porque no hablemos de ella. Lo que nos lleva al siguiente punto…

4. Por proteger de la verdad, hacerles daño con la ocultación. Vigila con los secretos y los tabús. La vida está hecha para ser honesta, los seres humanos nos sentimos mal cuando perdemos la coherencia (hay malestar cuando hay disonancia cognitiva o conflicto interno). La verdad es importante porque la mentira y la ocultación crea barreras entre las personas. Si estar cerca -emocionalmente- de tus hijos es algo que necesitas, no los alejes por atribuirles una reacción y unos valores negativos.

5. Al fin y al cabo, ¡tú eres su madre! No debes pedir permiso a todo el mundo, tú decides. Los valores en los que los educas, cómo les explicas el funcionamiento del mundo, cómo les ayudas a adaptarse cuando las circunstancias cambian… No hay que “confesar” nada, tan solo comunicarles tu realidad que también forma parte de ellos y darles recursos para que tengan la seguridad que siempre vas a estar ahí para ellos.

6. Entiendo que muchas veces aparece el miedo no solo por sus reacciones sino el miedo por si el entorno los va a tratar diferentes, pero tienes que integrar una idea muy clara sobre esto: quizás los traten diferentes por esto o no, quizás los traten diferentes por otras cosas, quizás ellos también tengan prejuicios con otra gente y esto sea la oportunidad de que entiendan que el mundo está lleno de personas diferentes entre sí y que hay que respetarse, quizás… lo más importante de todo no sea preocuparse de lo que hay fuera de casa sino de crear ese espacio para ayudarse, respetarse y empoderarse dentro de casa.

7. Y no, no estás siendo egoísta. Vivir no es egoísta, sentir no es egoísta. Todo el mundo tiene derecho a ser feliz y si crees que tu felicidad va en contra de la felicidad de otros, es que no acabas de entender bien la diferencia entre adaptarse a las situaciones y hacer daño a los demás. No se hace daño a nadie por ser homosexual, sino que la homofobia (algo totalmente tratable con sesiones) es lo que se tiene que trabajar para que no vivas algo natural como algo infeliz. Tienes derecho a vivir y enamorarte como cualquier otra persona y tus hijos se adaptarán a ello como llevan adaptándose al mundo desde que nacieron gracias a tu ayuda. Cree en ellos y sobretodo, cree en ti.

Y para acabar solo queda decirte que des el salto, que parece un gran abismo pero que cuando lo das te das cuenta de que no era una caída libre sino avanzar con el primer escalón, el de una escalera que te lleva a las cosas buenas que te mereces vivir y que tanto tiempo llevabas esperando: el amor, la libertad, ser tú misma y vivir tu vida, esa de la que solo tienes una.

PD: Cómo siempre a vuestra disposición si queréis realizar sesiones online o presenciales conmigo para trabajar este u otros temas relacionados. Un abrazo,

Paula Alcaide

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Paula Alcaide
info@palcaide.com

Soy Paula Alcaide, psicóloga especializada en atender a mujeres lesbianas y bisexuales que buscan convertir en una fortaleza su orientación sexual y disfrutar libremente de sus relaciones con otras mujeres sin miedos, ansiedad, vergüenza o culpa.

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