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Terapia de Pareja: Falta de Sexo en Relaciones Lésbicas

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Philip Blumstein y Pepper Schwartz descubrieron en sus estudios comparando las relaciones lésbicas con el resto de relaciones (gais y heterosexuales) que las parejas de lesbianas tienen estadísticamente menos sexo que el resto. OJO AL DATO: Solo una tercera parte de las lesbianas (sobre el 30%) que están en una relación de dos o más años tienen sexo semanal, es decir, una frecuencia de al menos sexo una vez a la semana. Un 47% en relaciones a largo plazo tiene sexo una vez al mes o menos.
Estos mismos autores describen que las lesbianas que fueron encuestadas indican que prefieren contacto físico no genital, como abrazos, besos o caricias. Sin embargo, la mitad de las lesbianas que tienen una frecuencia de contacto sexual (genital) baja dijeron que estaban insatisfechas respecto a su vida sexual (hablando claro: querían más sexo).

Y esto… ¿Por qué pasa?
Margaret Nichols señala que las lesbianas tenemos más conflictos sexuales que los hombres, sean gais o heterosexuales, menos deseo sexual, y muy pocas maneras de expresar nuestras necesidades sexuales. Esto se debe a que, como mujeres, no hemos recibido (o hemos recibido una menor) educación social para jugar un papel activo en la demanda de sexo, y por tanto tenemos menos entrenamiento en iniciar. Además, tenemos poca asertividad sexual y, aunque esto haya cambiado con los años, aun tenemos reticiencias a la hora de pedir (o reclamar) lo que necesitamos y cómo lo necesitamos de una forma asertiva.
(Sinceramente creo que, más allá de nuestro género y nuestra orientación afectivo-sexual, toda la población necesitamos entrenarnos en la comunicación asertiva, la que no es demasiado agresiva ni pasiva, y específicamente en la asertividad sexual o “como pedimos lo que queremos a nivel sexual” -pero esto ya es otro tema…-)

Es curioso que muchas mujeres aprenden a esquivar la presión sexual de los hombres, vista como abusiva, y se niegan a explicitar sus propias necesidades por miedo a ejercer un tipo de presión similar a la que ellos ejercen. Aquí encontramos una fusión de una comunicación poco asertiva con el propio rechazo a no ser “demasiado pesada, exigente o demandante” de sexo, de no ejercer presión sobre la otra, además de las posibles interferencias emocionales y ambientales. Con interferencias emocionales me refiero a la poca predisposición al sexo si algún estado emocional negativo está muy presente (por ejemplo problemas en el trabajo que generan estrés o discusiones que generan malestar, sobretodo con la propia pareja) y con interferencias ambientales me refiero a si algo del entorno es fuente de preocupación o no transmite seguridad. Y aunque hay excepciones a ello, como por ejemplo que produzca algún tipo de excitación tener relaciones sexuales en un lugar público, lo más frecuente es que se pongan problemas a la hora del sexo si hay cosas por medio, ruidos molestos, temperatura muy fría, etc, etc… ¿Os suena chicas?

Un tema anatómico a tener en cuenta es la “obviedad” de la excitación en hombres frente a la sutileza de la excitación en mujeres. Esto dificulta la detección a “primera vista” de si nuestra pareja sexual desea o no (o está lista o no) para tener sexo. Para superar esta barrera es muy importante conocer cómo la otra persona se excita y cómo detectar cuando lo está. En esto hay que tener en cuenta las diferentes preferencias sensoriales de nuestra pareja sexual, hay mujeres más visuales, más auditivas, más táctiles, más olfativas y más gustativas. Según la preferencia sensorial de nuestra pareja podemos diseñar un juego de aproximación sensual diferente, como por ejemplo:
– Streaptease (visual)
– Vendar los ojos y susurrar instrucciones al oído (auditiva)
– Masaje Sensual (táctil)
– Juegos con aceites y perfumes de feromonas (olfativa)
– Juegos con productos comestibles (gustativa)

Además de poder detectar esta excitación en la otra persona, debemos ser capaces de detectarnos la excitación en nosotras mismas. Un clásico estudio de Julia Heiman (1975) demostró que al conectar instrumentos para medir la excitación fisiológica del cuerpo de hombres y mujeres, al ponerles audios explícitos sexuales, los resultados indicaban que todos se habían excitado; pero así como todos los hombres eran capaces de reconocer esa excitación, solo la mitad de las mujeres eran capaces de detectar esta excitación.
Esto nos demuestra que muchas de nosotras debemos trabajar el reconocimiento de nuestra propia sexualidad: conocer nuestro cuerpo y saber detectar cuándo está excitado y qué nos está diciendo en cada momento. Sino sabemos qué queremos, difícilmente sabremos pedirlo.

A más a más, en las mujeres encontramos una diferencia de conceptos básica: tenemos más Disposición que deseo de tener sexo. Estamos receptivas a ello pero tendemos a no tenerlo tan presente como una necesidad fundamental, o al menos no tan a menudo. En esto se nota la influencia inconsciente de que “el sexo es algo malo para las mujeres” (sobretodo por la amenaza omnipresente de que el sexo puede ser y es utilizado como arma en contra de las mujeres: muchas han sufrido abusos y traumas por ello) además del discurso negativo respecto homosexualidad que se interioriza y genera dificultades en nuestro desarrollo de la sexualidad como algo sano y natural.

Muchas mujeres pueden tener homofobia o lesbofobia internalizada y esto puede llevar a una situación muy curiosa, la de las “NoNos” o “No-Novias”. Este tipo de relación se caracteriza en que una de las mujeres que forma la pareja NO ha asumido o no se quiere considerar a si misma como homosexual, lesbiana, y psicológicamente se defiende ante esta identidad/orientación eliminando el sexo genital de su relación con otra mujer pese a quererla y querer ser querida por ella. En otras palabras, estás mujeres pueden intimar, estar muy unidas, amarse, pero pretender que se es “completamente heterosexual” mientras no haya contacto sexual (Bety Berzon, 1979) – a diferencia de hombres gais que se pueden defenderse de su homofobia interiorizada mediante contactos sexuales sin intimidad-. Estas defensas se mantienen hasta que ya no son útiles para una misma, hasta que se reconoce esta orientación sexual como propia, inicialmente asumiendo la bisexualidad si se ha estado con hombres anteriormente, y entendiendo la sexualidad como algo gradual y no dicotómico (no es blanco o negro!).

Una vez superado este proceso de homofobia y lesbofobia interiorizada, aparecen en algunas mujeres fantasías reprimidas sobre la penetración y la pornografía, algo lógico puesto que la sociedad centra el sexo como algo androcéntrico (hombre como centro de ello, incluso cuando es sexo lésbico que no tiene nada que ver con ellos) y falocéntrico (con la penetración como actividad central del sexo), por tanto durante algunas relaciones sexuales pueden venirte a la cabeza imágenes relacionadas y esto puede dificultar que te formes fantasias propias con dos mujeres (existe aún una carencia de pornografía de y para mujeres lesbianas, aunque cada vez se produce más).

Esto nos lleva a una pregunta fundamental, ¿Qué se considera sexo entre mujeres? Muchas mujeres reclaman la sensualidad como algo más importante que la genitalidad, pero esto lleva a la intimidad y ésta no tiene porque incluir el sexo, es afecto transmitido de otra forma.
La intimidad es fundamental en las relaciones de pareja, según Stenberg las relaciones funcionan a través de 3 ejes: la intimidad, la pasión y el compromiso. El problema viene cuando las relaciones se centran en exceso en la intimidad de tal manera que las mujeres se “fusionan” y están tan unidas, tan cercanas, que no hay espacio para el sexo. Puesto que el sexo sirve para aproximarse, si hay demasiada intimidad y no hay espacios personales delimitados, no puedes acercarte. Hay que marcar límites personales y mantener la identidad propia independiente de la identidad que se forma en la pareja para permitir que el sexo como aproximación se pueda dar y se desee o se esté disponible para que surja. Según Tripp en su texto Homosexual Matrix, el deseo (disposición) sexual requiere de alguna barrera, algún tipo de tensión, taboo, diferencia, discrepancia de poder, excitación por lo nuevo o emoción. Según esta hipótesis, el romanticismo sería un problema cuando pasamos la primera etapa de nuestra relación y el enamoramiento da lugar a la estabilización de la pareja: debemos aprender nuevas formas que no sean enamorarse para mantener el deseo sexual. Sino lo que pasa es que se buscan nuevas relaciones en las que enamorarse para poder mantener el sexo en nuestras vidas, dando lugar a lo que llamo Monogamía Serial o El Salto de la Mona: saltando de rama en rama, mujeres saltando de relación en relación, mujeres que van de una relación a otra. Sin dejar una rama, extienden su brazo hacia la siguiente, y cuando saben que esa nueva relación las sujetará, dejan la anterior.

Si queréis trabajar la Falta o Pérdida de Deseo en vuestras relaciones de pareja entre mujeres, no dudéis en poneros en contacto al email info@palcaide.com o teléfono 93 215 58 83 y haremos unas sesiones en pareja para recuperar vuestra pasión!

Este mes da inicio el Grupo Gaviotas, un grupo de crecimiento personal para mujeres en Barcelona, más información aquí. Seas como seas, vengas sola o acompañada, este es el grupo que estabas esperando para sacar lo mejor de ti.

Paula Alcaide
info@palcaide.com

Soy Paula Alcaide, psicóloga especializada en atender a mujeres lesbianas y bisexuales que buscan convertir en una fortaleza su orientación sexual y disfrutar libremente de sus relaciones con otras mujeres sin miedos, ansiedad, vergüenza o culpa.

3 Comentarios
  • Esther
    Publicado a las 14:55h, 24 Noviembre Responder

    Muy interesante e informativo.Felicidades por el artículo.

  • Sandra
    Publicado a las 21:56h, 07 Enero Responder

    Excelente

  • Jessica
    Publicado a las 21:13h, 03 Mayo Responder

    Gracias

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