Diferentes conceptos de diversión en la pareja

A veces construimos relaciones que son un mundo a parte, que se nutren en sí mismas, que funcionan…y, sin embargo, cuando estamos en situaciones sociales todo parece resquebrajarse.

Un claro ejemplo de ello sería la disparidad homofóbica de la que os hablo extensamente en este artículo del año pasado y también en este que habla sobre las consecuencias que ello puede comportar en la relación. Pero hoy quiero hablarte, no solo de esa diferencia de homofobia interiorizada, sino algo que va más allá del proceso de autoaceptación de la orientación sexual: cuando simplemente, en tu relación de pareja, sois personas muy diferentes a nivel social.

En este sentido, existen muchas relaciones lésbicas donde las dos mujeres forman un buen equipo que se retroalimenta y que se equilibra en sí mismo pero que pueden tener problemas cuando entran en juego las interacciones sociales.

Puede ser que una sea más extrovertida y que necesite un entorno social potente porque eso le hace estar feliz. Puede ser que la otra sea más introvertida o que, simplemente, se sienta mejor en la tranquilidad de un buen paseo por la naturaleza y viva todo lo social como algo que “toca hacer” y no como algo necesario a ese nivel en su vida. Es entonces cuando pueden darse situaciones complejas porque la que necesita lo social, rodearse de actividades, diversión, amistades… sienta que debe renunciar a ello o se tense haciéndose responsable de que alguien que no lo disfruta a ese nivel esté bien. Puede ser que la otra persona, que no lo necesita, se obligue a ello y sienta que cada interacción social le absorbe la energía y la deja agotada. Puede ser que una fantasee con una excursión tranquila en silencio con la pareja mientras la otra piense en qué divertido sería esa misma excursión con amistades. O que se reúnan con gente y una sienta que está viva mientras la otra mire la hora de irse con impaciencia.

No es fácil. Puedes entenderte con tu pareja muy bien en otros aspectos pero que éste sea un foco de tensión continuo ya que se percibe a la otra como un límite a una forma de disfrutar la vida, quizás más emocional, quizás más serena.

Se hace indispensable entonces sentarse a negociar. Hacer entender a la otra la importancia de las actividades que nos hacen disfrutar y las tareas que se hacen tediosas y que parecen un peaje a pagar para continuar con la relación. También, flexibilizar un poco esa tendencia tan lésbica a hacerlo todo juntas dando el espacio necesario para que cada una sea como es, sin coartar su libertad y sus necesidades. Por ejemplo, permitirse una tarde sin horario con las amigas sin tener que justificarse; perderse paseando con un perro en la playa en el más absoluto silencio para recargarse…e incluso hacer eso a la vez, por separado, para llenarse y volverse a encontrar de nuevo en un punto común.

Nadie dijo que esa persona tuviera que ser como tú, ni siquiera que te guste que sea como tú… sencillamente es una cuestión de hablar claro y darse ese espacio respetuoso para disfrutar de cosas diferentes sin que eso suponga un reproche o una factura a pagar en el futuro. A veces, sin quererlo, ponemos peajes muy altos a las relaciones que no son necesarios y que solo hacen que ir deteriorándolas.

 

 

Paula Alcaide
info@palcaide.com

Soy Paula Alcaide, psicóloga especializada en atender a mujeres lesbianas y bisexuales que buscan convertir en una fortaleza su orientación sexual y disfrutar libremente de sus relaciones con otras mujeres sin miedos, ansiedad, vergüenza o culpa.

1Comentario
  • montserrat
    Publicado a las 15:30h, 13 julio Responder

    Muy oportuna esta reflexión. Algo tan fácil y tan agradable como dejar espacio y tiempo a la otra persona. Lo mas practico es tenerlo pactado y no andar negociando. Para mi lo mejor es partir de unos dias fijos que son para disponer en lo que se quiera, por supuesto, y luego se flexibiliza añadiendo otros momentos que surgan.
    Pero lo fijo no es negociable una vez pactado.
    Gracias Paula

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