Lesbianas con doble vida

 

Sonia vivía en la ciudad desde hacía 7 años. Se fue a vivir allí con la excusa de los estudios, pero en realidad lo que necesitaba era escapar de un pueblo que se le antojaba pequeño y chismoso. En el pueblo se sentía pequeña, controlada, esclava de una herencia familiar y de conocidos demasiado desconocidos que pretendían conocerla.

Cuando llegó a la ciudad empezó a darse permiso para explorar quién era, expandir sus límites y encontrarse con personas afines que la conocieran de verdad. Y ese proceso no fue fácil, pero sí toda una aventura de descubrimiento.Al cabo de los años había llegado a la clara conclusión que le gustaban las mujeres. Había salido de fiesta, había hecho amigas, se había enamorado.

Y ahora tenía novia. No esa de la que se había enamorado la primera vez. Otra.

Al poco se había ido a vivir con ella (lesbian style) y ahora ya llevaban bastante tiempo conviviendo. Tenían un perro en común y lo paseaban sin ningún tipo de vergüenza/homofobia dándose de la mano por la calle de su barrio.

Y Hasta aquí todo muy normal. El problema era que Sonia cuando volvía al pueblo de visita se transformaba. Y lo hacía totalmente. Su novia perdía a su novia. Se comportaba de manera totalmente hermética con la familia y sus “amistades” de allí no conocían a penas nada de su vida real. Creían que era una adicta al trabajo porque nunca hablaba de su vida personal.

¡Boom! Os presento a la lesbiana doble vida. Lesbofobia interiorizada selectiva geográficamente.

¿Os suena?

Pues es un auténtico hastío vivir así. Una especie de disociación pesada que genera mucho sufrimiento y que requiere grandes dosis de autocontrol, hipervigilancia y ansiedad.

Todo proviene de un miedo a perder el estatus, los lazos afectivos y la extraña sensación de que para vivir en el pueblo tienes que ser heterosexual o si no te echan.

¿Y la verdad? No es justo. Se parece a una vida de espías rusos. A una heterosexual con un amante. A un marido con dos familias. Pero la diferencia es que en estos casos lo eligieron. Y aquí hablamos de lesbofobia interiorizada. Mensajes sociales que nos han esclavizado imponiéndonos heterosexualidad obligatoria.

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Paula Alcaide
info@palcaide.com

Soy Paula Alcaide, psicóloga especializada en atender a mujeres lesbianas y bisexuales que buscan convertir en una fortaleza su orientación sexual y disfrutar libremente de sus relaciones con otras mujeres sin miedos, ansiedad, vergüenza o culpa.

6 Comentarios
  • Miriam
    Publicado a las 14:08h, 20 febrero Responder

    Me encanta como expresas esta historia. Lo has hecho de una forma tan sencilla y real, que me ha hecho tener presente a una amiga que lo vive tal como describes. Gracias Paula. Un Saludo

     
    • Paula Alcaide
      Publicado a las 19:11h, 27 marzo Responder

      Gracias a ti Miriam! Un abrazo!

       
  • Martina
    Publicado a las 21:52h, 21 marzo Responder

    Mi novia, todavía testigo de jehova, así lo vive con su familia. Ha conseguido salir del armario con sus amigas cercanas, pero el resto otra historia es…

     
    • Paula Alcaide
      Publicado a las 19:10h, 27 marzo Responder

      Te recomiendo para tu novia que lea a Miriam Beizana que pasó por un proceso similar. Un abrazo,

       
  • Rene
    Publicado a las 19:31h, 26 marzo Responder

    Hola, soy una chica que desgraciadamente vive esto, con mi familia y con casi el 100% de mis amistades previas a que yo me redescrubiera como lesbiana. es cierto que trato en cada sitio nuevo que voy, trabajo o nuevas amistades mostrarme tal como soy, sin embargo con “mi vida anterior” es imposible. Mi pareja trata de apoyarme pero se que tras dos años y medio le pesa mucho no conocer de forma autentica a mi familia.. no se como se vive con esto… porque me esta matando poco a poco

     
    • Paula Alcaide
      Publicado a las 19:09h, 27 marzo Responder

      Pues tal y como dices, es una situación injusta a la que las personas heterosexuales no deben enfrentarse. Al final la pregunta clave es valorar hasta qué punto el miedo al abandono /rechazo/ser juzgada pesa más a la tranquilidad de ser quién eres sin tener que censurar una parte fundamental de tu vida. Sé que es duro, pero es un proceso de auto-legitimarte y validar que tienes derechos y que nadie, por mucho que sea tu familia, puede arrebatártelos. Un abrazo!

       

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